Tuesday, 8 October 2013

Anna Politkóvskaya, o el vértigo como horizonte….


Sus padres, diplomáticos rusos de origen ruso-ucraniano destinados en la sede central de Naciones Unidas,  le permitieron un estilo de vida acomodada, de alta nomenclatura soviética, cosmopolita y estimulante culturalmente hablando, como el Nueva York que le vio nacer en 1958. Años después se trasladó a Moscú donde se licenció en Periodismo en 1980. Disponía de nacionalidad rusa y estadounidense y pudo disfrutar  de lo mejor de esos dos mundos. Tuvo también libertad para elegir el tema de su tesis:, una poeta proscrita en Moscú, Marina Tsvetáyeva.


Anna Politkóvskaya era perseverante hasta la extenuación, analítica, inteligente, con gran capacidad de deducción, por lo cual no era difícil imaginarle una vida laboral exitosa y confortable como redactora o influyente analista. Se la podía suponer también experta en los artes de nadar y guardar la ropa, de decir y de sugerir,  con acceso a las altas esferas del poder  y a valiosas fuentes de información, y con un conocimiento claro de cuáles son los límites que no podía traspasar una periodista en Rusia. Empezó su carrera en el periódico oficial entonces soviético Izvestia de 1982 a 1993, y luego la prensa independiente, primero Óbshchaya Gazet de 1994 a 1999 y finalmente  en Nóvaya Gazeta de  1999 hasta 2006, que es donde se concentra el grueso de su trabajo. Los tiempos de la Perestroika habían llevado a muchos en su entorno social a preocuparse por convertir su posición y privilegios  en dinero, pero ella se movió en la dirección opuesta.





 La llamada Primera Guerra Chechena entre combatientes chechenos separatistas y el poder central ruso, comienza en 1994, tras la declaración de independencia de 1993 (República Chechena de Ichkeria), y finaliza  en 1998 con un coste enorme en vidas humanas por ambos lados. El control de los importantes yacimientos petrolíferos jugaban un papel central en un conflicto con componente étnico enquistado durante siglos. En esa época ella escribía sobre los orfanatos estatales y la mala situación de los ancianos. Pero la que va marcar un punto de inflexión en su carrera es el comienzo de la 2ª guerra chechena, en 1999, con Putin ya en el poder en el Kremlin. Un grupo de rebeldes extremistas chechenos, financiados por wahabíes y apoyados por combatientes árabes invadió Daguestán, región perteneciente a la Federación Rusa donde convivían tribus musulmanas y cristianas. Politkóvskaya tenía claro que Rusia tenía que reaccionar a esta provocación, pero albergaba serios temores sobre el tipo de respuesta que se iba a dar. Comentaba: “Me pareció evidente que iba a ser una guerra total cuyas víctimas serían en primer lugar, y principalmente, civiles”.

Los peores presagios de Anna P. se confirmaron, el clan de los Kadírov, combatientes chechenos contra Rusia en la 1ª guerra, convertidos oportunamente en aliados del Kremlin, toman el poder en Chechenia, y se desencadena una letal espiral de violencia de acción y reacción, con represión brutal e indiscriminada del ejército ruso y sus aliados locales (ejecuciones sumarias, violaciones de mujeres, desapariciones generalizadas, envenenamientos masivos),  y  unas acciones terroristas cada vez más salvajes (secuestros con kamikazes, coches bomba) e igualmente por parte de líderes extremistas chechenos como Basáyev. Politkóvskaya, por supuesto, denunció contundentemente todas las acciones criminales vinieran de donde vinieran. Dijo al respecto: “El problema es que el verdadero criadero del terrorismo checheno está precisamente en los métodos que el Ejército Federal emplea en Chechenia. Cuando hablan de que unos presuntos terroristas árabes incitan a los chechenos a la violencia, se puede decir que es pura propaganda. Yo conozco muchas familias en las que los jóvenes chechenos, que hace algunos años ni imaginaban que iban a convertirse en kamikazes, ahora se están radicalizando y planteando esa salida”.








En este contexto Anna P. se vuelca totalmente en la investigación en suelo checheno y denuncia del terrorismo de Estado y la corrupción generalizada que se perpetra en Chechenia por parte del Kremlin y las autoridades de obediencia rusa, hasta tal punto que su marido le abandona en 1999 por no estar de acuerdo con su temerario estilo de vida (llega por ejemplo a introducirse en un maletero para no ser identificada y así poder entrevistarse con sus fuentes de información en Chechenia). En este punto, cuando se acumulan sus investigaciones y denuncias que evidencian el horror, se la empieza acusando de “periodismo deshonesto”, aparecen las amenazas, veladas o explícitas,  se sabe ya señalada por el poder, y lógicamente aparece el vértigo del que se ve consciente e irremediablemente asomado al precipicio, y obligado a asumir que vive de prestado.





¿Que más sensación de vértigo que encontrarse a uno mismo adentrándose en los frondosos bosques de las montañas chechenas para escapar de los servicios secretos rusos?. De repente unas sombras que le siguen, ¿y luego? ¿Quizá disparos, apenas un eco lejano y el silencio?.

-¿O que sentir al ser detenida por militares rusos en Chechenia en 2001 y ser sometida a simulacros de fusilamiento durante tres días?. “Si fuera por mí, te mato ya”, le escupió con desprecio el encargado de liberarla. Alguien de la jerarquía decidió que no había llegado su hora (todavía).

-¿O qué pensar  tras intentar mediar el cruel secuestro perpetrado en 2004 por los extremistas chechenos en un colegio Beslán (Osetia del Norte) que se saldó con más de 300 muertos, y despertarse en un hospital con un “casi la perdemos”, y descubrir que has sido envenenada con un té en el avión?. Estaba claro que su compromiso rebasaba el terreno del periodismo de denuncia, como demostraba el hecho ya había intentado mediar en el asalto de un comando checheno suicida del teatro Dubrova de Moscú en 2002, que se saldó con el lanzamiento de gases por parte de cuerpos especiales rusos y la muerte de 129 personas.


En una de sus estancias en la república caucásica comenta sobre Ramzán Kadírov, sucesor e hijo del anterior presidente colaboracionista Ajmat, asesinado en 2004: “Las mujeres (chechenas) en la muchedumbre trataban de ocultarme porque estaban seguras de que la gente del presidente me dispararía en el acto si estaba allí. Me recordaron que Kadírov prometió públicamente asesinarme. De hecho, dijo durante una reunión de su gobierno que Politovskaya era una mujer condenada”.

No es difícil de imaginar que vértigo y duda tenían que ir de la mano.  ¿Y todo esto por qué?, ¿para qué? ¿merece la pena esta cruzada?. La pregunta parece que tenía para ella siempre la misma respuesta, SÍ, sí a seguir un camino sin marcha atrás ni plan alternativo. Éste es mi camino, mi manera de contribuir al cambio en mi país, y sí, merece la pena. ¿Aún a costa de su matrimonio?, ¿O de poder compartir más tiempo con sus hijos?. Quizá precisamente por ellos, por su generación y por las que vengan este sacrificio tiene todo el sentido.

En este punto cabe pensar que el vértigo, el pavor, se instalaba ya también en el otro bando, en el del poder ruso y los colaboracionistas chechenos, ante una mujer moralmente obstinada a dedicar todos sus recursos (sobrados) y su tiempo a mostrar toda su miseria moral…Furia hecha mujer que, voluntariamente renuncia a sus cómoda posición y al periodismo de salón de té, de cancillerías, y confidencias en el Hotel Nacional de Moscú. Vértigo, al comprobar que la barrera del miedo había sido pulverizado por esta periodista y que los crímenes y corruptelas masivas se difundían a todo el que las quisiera escuchar. Gracias a la competente, temeraria e incansable voluntad, ¡de una sola mujer!...que además contaba con colaboradores y elementos del propio sistema dispuestos a filtrarle información desde el anonimato. Entonces, ¿qué sería de los oligarcas rusos y chechenos, y de su casta política con 1.000 Annas Politkóvskayas?...¿Y qué sería del resto de oligarcas mundiales del 1%?.

Un ejemplo claro del resultado de sus denuncias fue que el coronel coronel Yuri Budanov, quien en un alarde de ebriedad y virilidad nacionalista, secuestró a Elza K. (17), la torturó, violó y golpeó hasta darle muerte y ordenó a sus subalternos enterrarla en el cuartel. El militar acusaba sin pruebas a la niña de ser la francotiradora que había dado muerte a varios de sus hombres meses antes. El juicio se convirtió en símbolo de la “justicia selectiva” denunciada por Anna P. Después de vanos intentos por salvar a Budanov -considerado “héroe de guerra” en vastos circuitos-, un tribunal inusualmente valiente lo condenó a 11 años de prisión y lo convirtió en el primer militar ruso de alta graduación en ser condenado por crímenes de guerra en Chechenia. Quizá para demostrar quién mandaba y manda en Rusia el coronel fue liberado en 2009 (antes de cumplir condena) y el abogado de la familia de Elza y una colaboradora free lance de Novaya Gazeta fueron asesinados a sangre fría 4 días después. Pero el golpe estaba dado y el ejemplo también. Decenas de causas judiciales se iniciaron gracias a las investigaciones de Anna Politkóvskaya.




Algunas de sus frases, que el tiempo pondrá en su sitio:
-“Estaba interesada en la tradición de la Rusia prerrevolucionaria de escribir sobre nuestros problemas sociales. Eso me llevó a escribir sobre los 7 millones de refugiados de nuestro país. Cuando la guerra empezó, eso fue lo que me llevó a Chechenia”.

 -“En Rusia hay un vacío de información que aleja a la muerte de nuestra ignorancia, todo lo que nos queda es Internet. El que quiera trabajar como periodista o es servil a Putin o puede pagar su activismo con la muerte, la bala o el veneno”.(La Rusia de Putin 2004).

-“La sociedad ha mostrado una APATÍA sin límites... Cuando los miembros de la Checa se afianzaron en el poder, les dejamos ver nuestro miedo y, desde entonces, solo se ha intensificado su compulsión por amenazarnos. La KGB solo respeta lo fuerte, devora lo débil. Nosotros por sobre los demás debíamos saber eso. ((La Rusia de Putin 2004).

-Su agente literario británico: “¿Habló con ella poco antes de su muerte? ¿Qué le dijo? ¿Tenía miedo?”, le pregunté en un email, todo junto. “Sí. En julio de ese año (2006) -la mataron en octubre- le dije que si se quedaba en Rusia podían asesinarla. Ella me contestó que no iba a salir de allí hasta que Putin se hubiera ido. No, no tenía miedo”, me respondió.



 -Se dio tiempo para el humor negro al preguntar a su agente si, en el caso de ser asesinada, sus hijos estarían obligados a devolver el anticipo cobrado por su próximo libro.




Pocas líneas merecen ser dedicados al asesino o asesinos a sueldos que la mataron, (¿se esclarecerá algún día?) , o la desdeñosa respuesta del Sr. Putin 72 horas después del 7 de octubre de 2006, día de su cumpleaños, (“su asesinato daña más al gobierno que cualquiera de sus escritos”).  Poco importa también que una buena parte de la sociedad rusa ni compartiera, ni entendiera su vigor incansable porque se destaparan los crímenes de Estado, corruptelas y miserias perpetradas por las autoridades rusas en Chechenia y en toda la Federación Rusa. Bastante tenían y tienen en muchos casos con cobrar al fin de mes, disponer de calefacción en funcionamiento o poder comer decentemente.

Porque, Anna Stepánovna Politkóvskaya, jamás borrarán el hecho de que¡¡¡NACISTE!!! ¡¡¡EXISTISTE!!....¡¡¡Y diste tanto!!!. Dasvidania….Queda honrar tu ejemplo intentando expandir y organizar la rebeldía, la lucha contra la ignominia, por la justicia y la dignidad, (¿la nueva ideología por la que luchar hoy?), para que unos pocos como tú no tengan que sacrificar todo en el envite….







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